El Tigre Colombiano”, “El Jaguar de Colombia”, “Brainer”, “Rayo de Plata”, “Fantomas” o “El Enfermero”, son seudónimos conocidos entre los afortunados que vivieron la época dorada de la lucha libre colombiana. El “wrestling” es un espectáculo de entretenimiento deportivo que genera altos ingresos económicos a empresas estadounidenses, y mexicanas principalmente, que se dedican a estos eventos. Actualmente cuenta con una gran cantidad de aficionados alrededor del mundo, y Colombia no es ajeno a ello; tanto así que a mediados del Siglo XX fue cuna de grandes luchadores y espectáculos internacionalmente reconocidos por su calidad y su popularidad.

Como si fuese un guiño del destino, paralelo al inicio de las luchas en Colombia, nació, el 18 de octubre de 1945, en Riosucio, Caldas, Luz Dary Ramírez Sánchez, una mujer con una historia bastante particular y que tiempo después viviría momentos llenos de gloria, felicidad y, también, tristeza. Luego de una infancia junto a sus padres, ellos mismos la convencieron de irse de casa y casarse a sus catorce años de edad con Jairo Sánchez, un joven que trabajaba manejando maquinaria pesada; sin embargo, esta unión no duró mucho tiempo porque ella se enteró de que su pareja sentía atracción por las personas del mismo género, él vivía una doble vida, en secreto. A pesar de ello, esta boda dejó una hija a la cual llamaron Luz Marina y, que al momento de separarse, Jairo se llevó.

Luz Dary Ramírez, una gran luchadora, dentro y fuera del ring, encontró en Soacha una oportunidad para salir adelante con su segunda pasión: la fotografía digital.

A sus quince años, Luz Dary vivía y trabajaba en Cali, ayudaba en un restaurante a una mujer que consideraba como su mamá, y de repente, llegó el día en el cual su vida tomó un giro inesperado. Llegaron unos hombres buscando muchachas para trabajar en la lucha libre, el negocio estaba en pleno auge. «A mí me dejaron el dinero para viajar de Cali a Bogotá y realizar las pruebas con la empresa. La señora del restaurante me dijo que probara suerte, o si no que volviera junto a ella. Llegué a Bogotá y el ‘Lobo de Galicia’ fue el encargado de entrenarme diariamente, de enseñarme a tacklear al rival y a volar dentro del ring», añadió.

 

Jorge Sandoval, además de ser uno de los empresarios que buscó a Luz Dary para entrar en el mundo de la lucha libre, era el gerente de Coper Tax, compañía de taxis en Bogotá. Luego de que Luz Dary superara las pruebas en coliseos improvisados en Bogotá, se dedicó de lleno al espectáculo y recibió el pago suficiente para vivir en la ciudad. Tiempo después, el amor tocó la puerta de esta mujer y sostuvo una relación con quien era su jefe. De este compromiso nació Adriana, su hija menor. Ella comenzó a luchar para él, resignando el dinero y logrando una unión sentimental que paralelamente fue un éxito en el deporte.

«En un coliseo de República Dominicana pusieron el himno nacional, lo canté mientras lloraba de la emoción porque no todas las personas tienen esta oportunidad de vivir y sentir eso estando lejos de casa. Recorría una alegría inmensa por todo mi cuerpo.»

El espectáculo de lucha libre en Colombia crecía a diario, era normal ver a miles de personas en el coliseo, todos con la incertidumbre de qué pasaría en el evento del día. “El público abucheaba a las luchadoras ‘Enfermerita’, ‘Vendetta’ y ‘Dama Azul’ (las dos últimas fueron luchadoras mexicanas), cuando me golpeaban y tenía altas probabilidades de perder la pelea. También estos espectadores me lanzaban piropos, me cogieron un cariño inmenso y enloquecían cuando estaba en el ring o estaba cerca de salir”, narró entre sonrisas.

La empresa, en la cual ella se destacaba, hizo gira por Bucaramanga, Cali, Barranquilla, República Dominicana y Santo Domingo, y logró ganar más seguidores para este deporte y llevar el espectáculo a otros lugares. “En un coliseo de República Dominicana pusieron el himno nacional, lo canté mientras lloraba de la emoción porque no todas las personas tienen esta oportunidad de vivir y sentir eso estando lejos de casa. Recorría una alegría inmensa por todo mi cuerpo”, agregó.

Los años más recordados por Luz Dary son 1968 y 1969, ya que por su buen desempeño dentro del ring, actuó en algunas escenas de la película ‘El Santo frente a la muerte’, que tuvo algunas grabaciones en Colombia. Para este film se contó con la presencia de un luchador reconocido como ‘El Jaguar de Colombia’, quien fue el actor principal ya que el legendario ‘Santo’ tuvo un problema de salud cuando ascendían a conocer Monserrate. Una década después de que la película fue estrenada y luego de varias funciones de lucha internacionalmente reconocidas, este deporte en Colombia empezó a perder público, cada vez eran menos las personas que tenían el sustento económico para acceder a estos eventos, contaba con poco patrocinio ya que era un espectáculo donde la mayoría de público era de clase baja y media, y deportes como el boxeo y el fútbol, se robaron las miradas de la gente y la atención de los medios de comunicación.

Luz Dary dedicó sus esfuerzos a la crianza de su hija y a buscar un nuevo empleo, por lo que perdió el cariño que tenía hacia su jefe y pareja sentimental, entre otras cosas, porque él era 15 años mayor y ella temía un futuro incierto al lado de este hombre, debido a su edad. Una vez se acabó la lucha libre para Luz Dary, decidió, entonces, luchar por su vida. Logró trabajar vendiendo ropa y artículos de hogar. Laborando así, fue como consiguió una pensión para sobrevivir sola, ya que Adriana, su hija, formó un hogar y cada quién tomó su camino para continuar con la vida. Tiempo después, entró en el mundo de la fotografía para ayudar a una amiga; es ahí donde descubre que le gusta el tema de retratar los momentos de otras personas e interactuar con ellas en diferentes momentos de su diario vivir, y aunque está pensionada, sigue trabajando en la actualidad como fotógrafa.

Hace más de treinta años vive en Soacha. Desde que llegó al municipio lo quiere como si fuera su lugar de origen, pues es un lugar tranquilo y lleno de armonía para su rutina. A partir de su instalación en su nuevo hogar, trabaja como fotógrafa del reconocido Colegio María Auxiliadora, allí, sor Lucila y todas las ‘hermanitas’ del centro educativo, la aprecian y están pendientes de ella. “Las niñas y padres de familia me reconocen por ser una amiga de ellos, por estar frecuentemente recorriendo los pasillos del colegio y por tener una gran amistad con cada una de las personas de ahí. Adoro a la comunidad de ese colegio ya que me ha abierto las puertas de su establecimiento, se podría decir que así como yo las quiero, me quieren”, mencionó con orgullo.

Luz Dary, a sus 71 años de edad, está en una nueva etapa en su vida, vive sola y recibe un gran cariño por parte de sus vecinos; es conocida como una mujer bastante servicial, tanto así que siempre lleva consigo un pito, que tiene (contó entre risas) un particular uso: “Cuando veo que están robando a alguien uso el pito para alertar a las personas y tratar de que un policía escuche, también para ayudar a los transeúntes a pasar la calle y para llamar a mis conocidos cuando están a varios metros de distancia”.

REDACCIÓN: Andrés Chaparro Acosta – Edward Castro Velásquez